sábado, 11 de diciembre de 2010

Brisa

Su madre la llamó Breeze. Breeze por la brisa fresca de primavera. La llamó así porque le recordaba a algo dulce y lánguido, perezoso como el airecillo suave y apacible que en verano te revuelve el pelo en una caricia. La llamó Breeze porque quería que su pequeña fuese un soplo cálido en el corazón de la gente, como lo era para ella. Un toque de libertad y diversión inocente en aquel lugar pútrido y despreciable.

La llamó Breeze por todo lo bueno de la brisa. No pensó que en invierno la brisa se vuelve viento, que arrecia y se torna fría hasta lo insoportable. No pensó que la brisa es incontrolable, independiente y caprichosa. La brisa necesita volar, escaparse de las manos y chocar mil veces contra la misma pared, hasta derrumbarla.