En aquella calle había una vieja juguetería, regentada por una artesana que adoraba hacer muñecas de todo tipo. Breeze siempre que podía corría hacia la tienda y se quedaba horas pegada al cristal del escaparate, admirando las hermosas muñecas. La anciana dueña solía invitarla a pasar, porque en la calle hacía un frío denso que calaba a los huesos. A veces, incluso la dejaba jugar con ellas.
Cuando pasaron frente a la tienda, Breeze se paró a mirar. Los ojos grises le brillaban de la emoción contenida. El escaparate estaba decorado para navidad, con las muñecas más hermosas y los colores más bonitos que Breeze hubiera visto antes. Su madre miró con ella, y tras escrutar la exhibición de muñecas señaló una en particular.
— Se parece a ti ¿Verdad? —comentó, acariciando con dulzura la cabeza de su pequeña hija de seis años.
La muñeca tenía un rostro ovalado enmarcado por grandes y definidos tirabuzones de cabello oscuro. La piel era pálida, con las mejillas tintadas de rosado. Los ojos eran plateados. A su madre le pareció que tenía una expresión de añoranza y melancolía, a ella simplemente le pareció bonita.
— ¿La quieres?
Breeze, que no había podido apartar los ojos de la muñeca, apretó la mano de su madre.
— Se parece a ti ¿Verdad? —comentó, acariciando con dulzura la cabeza de su pequeña hija de seis años.
La muñeca tenía un rostro ovalado enmarcado por grandes y definidos tirabuzones de cabello oscuro. La piel era pálida, con las mejillas tintadas de rosado. Los ojos eran plateados. A su madre le pareció que tenía una expresión de añoranza y melancolía, a ella simplemente le pareció bonita.
— ¿La quieres?
Breeze, que no había podido apartar los ojos de la muñeca, apretó la mano de su madre.
— No sé, mami. Es muy cara —su vocecita era apenas un murmullo, y si no fuese porque su madre se agachó junto a ella, se habría perdido con el viento de Diciembre.
La risa cantarina de su madre consiguió despegarla del cristal. La miró sin comprender qué era eso tan divertido.
— Breeze, a los niños no debería de preocuparles el precio del juguete —afirmó, aún con la sonrisa en los labios.
La niña estaba confundida. Aquella no parecía su madre. No parecía la misma madre que le decía una y otra vez que no estropease su vestido, que no podía comprarle otro y que no daba abasto con los remiendos. Que no perdiese los guantes y que no podía comprarle caramelos. No parecía la misma que semanas atrás la había reñido con severidad porque había dado su bufanda nueva a un señor que estaba tirado en la calle. Pero esa extraña que se parecía a su madre físicamente seguía sonriendo y animándola a pedir.
Breeze volvió a mirar a la muñeca. Sí que se parecía a ella. Probablemente la vieja le había cogido cariño. Después de pesarlo un rato, aceptó.
— Entonces vamos a comprarla ¿Qué nombre le vas a poner?
— ¿Nombre?
— Claro, tiene que tener un nombre ¿Cuál le pondrás?
— Hollie —dijo sin pensarlo, mientras entraban en la tienda. Una musiquita navideña las recibió.
Sería la mejor navidad de su vida. Iba a tener un regalo. Una muñeca, ni más ni menos. Su primera muñeca. Hollie.
La risa cantarina de su madre consiguió despegarla del cristal. La miró sin comprender qué era eso tan divertido.
— Breeze, a los niños no debería de preocuparles el precio del juguete —afirmó, aún con la sonrisa en los labios.
La niña estaba confundida. Aquella no parecía su madre. No parecía la misma madre que le decía una y otra vez que no estropease su vestido, que no podía comprarle otro y que no daba abasto con los remiendos. Que no perdiese los guantes y que no podía comprarle caramelos. No parecía la misma que semanas atrás la había reñido con severidad porque había dado su bufanda nueva a un señor que estaba tirado en la calle. Pero esa extraña que se parecía a su madre físicamente seguía sonriendo y animándola a pedir.
Breeze volvió a mirar a la muñeca. Sí que se parecía a ella. Probablemente la vieja le había cogido cariño. Después de pesarlo un rato, aceptó.
— Entonces vamos a comprarla ¿Qué nombre le vas a poner?
— ¿Nombre?
— Claro, tiene que tener un nombre ¿Cuál le pondrás?
— Hollie —dijo sin pensarlo, mientras entraban en la tienda. Una musiquita navideña las recibió.
Sería la mejor navidad de su vida. Iba a tener un regalo. Una muñeca, ni más ni menos. Su primera muñeca. Hollie.